EL PAPEL DE UN PREDICADOR

Armando Ramírez
 

 
 

    Pablo señaló en dos ocasiones que él  había sido “constituido predicador y apóstol” (1 Tim.2:7; 2 Tim.1:11). Siete veces el escritor de Eclesiastés se identifica así mismo como “el Predicador” (Ecle.1:1, 2,12; 7:27, etc). Pedro habló de Noé como un “predicador de justicia” (2 Ped.2:5—LBLA) y nuevamente el escritor a los Romanos enfatiza la necesidad de un proclamador al decir, “...Y como oirán sin un predicador” (Rom.10:14—NASB).

¿QUÉ ES UN PREDICADOR?

      Exactamente ¿Qué es un predicador del Evangelio? ¿Qué se espera que él haga como un elemento esencial en el esquema de la salvación de Dios? ¿Hasta dónde se extiende su obra? Para comenzar a dar las respuestas  correctas  a estas preguntas necesitamos definir el término “predicador”, así como dar un repaso de su obra trazada en las Escrituras mismas. Hay un consenso general entre los eruditos Griegos en definir al predicador como básicamente “Un Heraldo o Proclamador de las Buenas Nuevas”. Para Joseph H. Thayer un predicador (del Griego “Kerux”) es  “Un heraldo, un mensajero encomendado con la autoridad pública ... En el N.T. un embajador de Dios, y el heraldo o proclamador de la palabra divina” (Thayer Pág.346). Para William E. Vine y James Strong un predicador es sencillamente un “un heraldo” (Vine, Pág.874; Strong, Pág., 646).

      El libro de los Hechos nos informa que hubo predicadores de dos naturalezas; Unos  dedicando parte de su tiempo a la predicación (como Aquila, Hech.18:2; Rom.16:3-4; 1 Cor.16:19) y otros como Pablo “entregado por entero a la predicación” (Hech.18:5). Unos predicando en un lugar fijo o determinado, como Pedro y Juan en Jerusalén (Hech.8:1), pero otros como Felipe “descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo” (8:5). Y más tarde, yendo a la región intermedia entre Jerusalén y Gaza (8:26) para luego conducirse por la cordillera del mar donde “anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesárea” (8:40). Aquí este predicador se estableció por largo tiempo proclamado su mensaje y haciendo muchos discípulos (Hech.21:8).

    Pero ya sea una parte de su tiempo o tiempo completo; establecido en  un solo  lugar o viajando en forma itineraria, los predicadores de la Palabra anunciaron siempre las mismas enseñanzas y el mismo proceder para convertir una alma a Cristo. El Nuevo Testamento no hace distinción entre “un predicador” y “un evangelista”. Ambos términos son descriptivos de su trabajo no de sus personas o rangos. No hay un mensaje que deba ser entregado por uno y uno distinto por el otro. El mismo Señor que constituyó “evangelistas” (Efe.4:11) es el mismo que constituyó a Pablo como “un predicador” (2 Tim.1:11). Por lo tanto, un predicador es por consecuencia, uno que dedica su vida a proclamar y divulgar la verdad divina entre los hombres con la autoridad de Jesucristo (Mat.28:20; Mar. 16:15-16).

¿ES EL PREDICADOR UN ANCIANO?

    Existe en el esquema de Dios, el siervo que siendo un anciano cualificado predica el evangelio (1 Tim.5:17; Tito 1:9), pero uno que siendo sólo un predicador actúe  como si fuera un anciano o supervisor del rebaño es prácticamente desconocido en el Nuevo Testamento.

   Aunque el predicador debe enseñar a la Congregación las cualificasiones para buscar y establecer ancianos (Hech.14:23; Tito 1:5), esto no le da derecho a gobernar la Iglesia como un supervisor. La obra del anciano es “vigilar” las almas del rebaño (Hech. 20:28; Heb.13:17), la función del predicador es “enseñar” el evangelio a los perdidos y edificar y promover el crecimiento de los convertidos de modo que la Iglesia se vuelva espiritualmente madura y fuerte (2 Tim.2:24-25; 2 Tim. 4:2; Efe. 4:15-16). El debe ser preciso en el manejo y administración de la Palabra (2 Tim.2:15) a la vez que toma cuidado de sí mismo y de lo que enseña (1 Tim.4:16). El anciano debe cuidar no solo su propia alma, pero cautelosamente también las de los demás (1 Ped. 5:2-3; Heb. 13:17).

    Por la misma consideración, la iglesia local debe estar “sujeta” a los ancianos (1 Ped. 5:5). A los Hebreos fue dicho, “Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos” (Heb. 13:17). Y Pedro dice que debemos estar “sujetos a los ancianos” (1 Ped. 5:5) pero esta misma demanda no puede ser hecha por ningún predicador a la Congregación sin caer en el espíritu del Diotrefismo (3 Jn.9). En ninguna parte del N.T. se indica que la membresía debe seguir ciegamente al predicador por el simple merito de ser “el predicador”. Existen algunos predicadores que elevándose por encima de sus hermanos demandan celosamente seguir sus ordenes y caprichos. Se olvidan completamente de su papel puramente instructivo y asumen erróneamente que la Biblia les da una autoridad mayor por simplemente ser “el predicador”. No olvidemos que Pablo siendo mucho más que un predicador (fue un apóstol y maestro de los gentiles) dijo a los Corintios “No que nos enseñeoreemos de vuestra fe” (2 Cor.1:24) “No estamos intentando dictar lo que ustedes deben creer” (TEV).

¿ES EL PREDICADOR “UN “PASTOR DENOMINACIONAL”?

     Todos entendemos que “los predicadores” entre el sectarismo se auto denominan “pastores” sin reunir las descripciones para un (episkopos) dadas en el N.T… Estos no sólo no son lo que dicen, sino también arbitrariamente realizan demandas a sus feligreses que no están autorizadas. De este modo, un “ministro” denominacional se vuelve en algo más que un “pastor” o anciano y en algo mucho menos que un predicador del Evangelio. La membresía de estos grupos generalmente se sujetará a su voz y nadie será capaz de desafiar “su llamamiento santo”.

     La Iglesia del Señor no debe contaminarse con este  concepto del predicador moviéndose como un “pastor” moderno. Hay una percepción de muchos hombres cautelosos hoy que algunos hermanos y algunas Iglesias insisten en convertir a su predicador ¡en algo MAS que eso! En una especie de “Pastor” denominacional para que realice por ellos más de lo que el N.T. enseña.

    Un “pastor” denominacional es normalmente el individuo que se compromete en una y mil tareas con “su Iglesia”. Además de sus mensajes los días de reunión, compra la comida para los ancianitos, lleva al hospital a los enfermos, lleva a los jóvenes a practicar deporte y todavía tiene que encontrar tiempo para cortar el césped, barrer el salón, pintarlo cada año, arreglárselas para  reparar los cortos de electricidad y hacer los pagos correspondientes de todo el inmueble.

      El hno. Wayne Greeson escribió, “Mucho del error con respecto a los predicadores y su obra viene de un concepto equivocado de la relación del predicador y la Iglesia local. Muchos consideran al predicador como un empleado o siervo de la Iglesia y como tal la Iglesia es el patrón que determina la esfera y deberes de la obra de su empleado. Esto es expresado en la declaración: “Nosotros pagamos al predicador y le decimos lo que debe hacer”. Pero el mandamiento de dar salario a los predicadores (1 Cor.9:14) no les convierte en empleados de la Iglesia ... Un predicador no es un empleado de alguna Iglesia, sino es un siervo del Señor (1 Tim.4:6)” (The Preacher and His Work—Reflections On Truth, Vol. 13 No. 1 Julio de 2000).

¿DE DONDE HA VENIDO EL CONCEPTO DEL PREDICADOR COMO “UN PASTOR MODERNO”?

    Evidentemente este concepto no se originó en la Biblia. Para evitar que los apóstoles fueran tenidos por algo similar a lo que ahora llamamos “un pastor moderno”, ellos ordenaron establecer diáconos porque “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues siete varones ... a quienes encarguemos de este trabajo” (Hech. 6:2-4).

1. De la Influencia Denominacional. Recientemente una vecina de una hermana enferma (a quien se había ido a visitar en dos o más ocasiones) dijo a una hermana que le parecía que la Iglesia (de Cristo) tenía olvidada (y expreso que particularmente el predicador) a la hermana mencionada. Luego esta señora procedió a declarar orgullosamente que en su Iglesia (Bautista) su “pastor” no dejaba de visitar y apoyar a los enfermos día y noche. Creo que este incidente se oye en muchas Iglesias hoy. La influencia de cómo los pastores tratan a sus seguidores ha afectado la mentalidad de los hermanos débiles y la de algunos predicadores no bien instruidos para intentar actuar exactamente igual.

2. De Membresías irresponsables en algunas Iglesias.  El concepto del predicador actuando como “un pastor” es en muchos sentidos una “conveniencia cómoda” para los hermanos que son inmaduros e irresponsables de hacer el bien que ellos mismos PUEDEN hacer. (Consulte estos pasajes (1 Cor. 12:25; Gál. 5:13;Heb. 13:16) y vea si en el contexto puede hallar que son responsabilidades exclusivas del predicador. Pero si el predicador es al final de cuentas a quien “le sobra el tiempo” y además para esto “le pagamos” entonces que “él lo haga todo.”

    No lo he leído u oído de ningún otro hermano que más eficazmente lo haya detectado y señalado con mayor objetividad y realidad como lo expresado por el hno. James P. Neeham en su libro cuando dijo, “Muchas congregaciones piensan que ellos CONTRATAN a un predicador para hacer la obra POR ELLOS ... Ellos pudieran hacer la obra SI ELLOS TUVIERAN TIEMPO, pero debido a que ellos no lo tienen, ellos pueden emplear a un predicador para que haga la obra POR ELLOS. Consideran la obra del predicador como el trabajo de  un abogado. Si alguien es incapaz de representarse así mismo ante la corte, él puede pagar a un abogado para que RESPONDA POR ÉL. El resultado de este concepto es que el predicador hace todo excepto PREDICAR. En algunos lugares, los predicadores hacen la obra de los ancianos, los ancianos hacen la obra de los diáconos, y los diáconos y los miembros no hacen prácticamente NADA... La idea esta ampliamente esparcida que EL PREDICADOR debiera ir y buscar a toda oveja extraviada. Si los hermanos dentro de la Iglesia se ponen “frustrados” uno con otro, EL PREDICADOR debiera arbitrar entre ellos por ser EL PREDICADOR. Si alguien en la congregación tiene un dolor de cabeza, EL PREDICADOR debiera apresurarse y dejar todo lo que esta haciendo y tratar con este asunto. Si alguno de los miembros tiene una necesidad, EL PREDICADOR debiera averiguar su necesidad, llamar a los ancianos a una junta de negocios (junta de varones en español—ARP) y ver que la congregación se encargue de él... Es seguro decir que en la mayoría de los casos de enfermedad en la congregación (ya sea física o espiritual) el primer pensamiento es, “¿Dónde esta el predicador para que me venga a ver?”... Entiéndase esto: No se contiende que el predicador no debiera visitar (tener cuidado) del enfermo, realizar favores o apoyar al necesitado. Él tiene estos deberes EN COMUN con todos los otros cristianos, pero él no los tiene como DEBERES EXCLUSIVOS DEL PREDICADOR. No hay absolutamente ninguna evidencia Escritural que tales obras deban ser realizadas por el predicador, por ser simplemente EL PREDICADOR!” (PREACHERS AND PREACHING, Págs.43, 44,45; Originalmente publicado en 1969. Citado con el énfasis “mayúsculas” como apareció en el original. Edición Ampliada de 1985).

3. De algunos predicadores. En cierta ocasión mientras un hermano estaba hospitalizado y el predicador no estaba en ese momento (auque después él llegó junto a su familia y otros hermanos). Algunos hermanos comenzaron a exclamar “¿ Y dónde está EL PREDICADOR en este momento? Él debiera estar AQUÍ!”. La pregunta natural es ¿Bajo qué autoridad o principio bíblico puede EXIGÍRSELE al predicador MAS que a cualquier OTRO hermano de la misma congregación o de alguna otra el estar presente inmediatamente? ¿Tendrá el MAYOR OBLIGACIÓN de estar ahí MÁS que cualquier otro? ¿MAS que los mismos familiares del paciente? ¿MAS que los mismos DOCTORES?.. Jamás se niega que uno debe COMO CRISTIANO visitar, socorrer y ayudar a CUALQUIER hermano según las posibilidades, pero EXIGIRLO solamente del PREDICADOR por el solo merito de serlo es hacer una demanda anti-Escritural!.

     El hno. Carl McMurray observó, “Un error común que los predicadores jóvenes y otros Cristianos hacen es pensar que el predicador del evangelio es algún tipo de pastor denominacional. Aunque lo negamos, nuestras acciones a menudo hablan más fuerte que nuestras palabras. Actuamos como si el predicador fuera un director social, el ministro de la juventud y el visitador oficial establecido para los hermanos enfermos en el hospital o en el asilo de ancianos” (Preacher Training—En una serie de artículos sobre un Entrenamiento para predicadores aparecido en STRAITWAY, Vol.5, No.7; Julio-Agosto de 2003).

    Combatiendo la misma ideología falsa que algunos hermanos tienen del trabajo o función del predicador, el hno. Bob Craig escribió, “Me parece que los predicadores están más y más yendo a la idea que ellos deben agradar a todos, y al hacerlo así ellos están desviándose de las Escrituras y no agradando a Dios... Encuentro a predicadores que están listos, dispuestos y ansiosos para planear cada paso en el programa de la Iglesia para luego, personalmente llevarlo a cabo hasta el final u otras veces al fracaso! Ellos se convierten en el consejero para el joven y para el anciano, para aquellos que necesitan un psicólogo, para aquellos que tienen dificultades matrimoniales, para los que necesitan el cuidado de los bebés y para las que crían niños. Ellos se vuelven en “muchachos de los mandados”, taxistas para los miembros, “casa guardianes”, limpiadores del pasto; ellos además realizan toda la predicación, la enseñanza, buscan todos los contactos, realizan todas las visitas a los enfermos, a los miembros errados, a los recién convertidos en Cristo, a los que no son miembros, ellos se convierten en el departamento de la publicidad de la Iglesia, y de las relaciones publicas... No hay ningún hombre bajo el sol que tenga la habilidad o la sabiduría de ser o hacer todas estas cosas sugeridas ... Esto destruye la misma estructura sobre la cual la iglesia fue edificada, esto es, que todos los miembros trabajen juntos para formar el cuerpo perfecto de Cristo” (“I Dont Want to be a Pastor”-“Yo No Quiero ser un Pastor” publicado en THE CONTENDER, Vol. XLVII, No. 10, Oct. De 2003).

    ¿Qué podemos hacer en medio del prevaleciente falso concepto denominacional que algunos tienen del papel del predicador? Primero, admitir que la descripción bíblica de un predicador en el Nuevo Testamento no permite que le asignemos trabajos que no fueron diseñados para él. Segundo, enseñar más a las congregaciones cuál es el verdadero papel de un predicador. Enfatizando que su trabajo en por naturaleza instructivo ¡NO favoritativo! Pero ya sea que los hermanos lo quieran entender o no, un predicador del Evangelio jamás será juzgado por la cantidad de favores que realizó sino por las almas a quienes no predicó (1 Cor. 9:16:1:17; Rom. 10:15; 2 Tim. 4:1-2). Cuando la iglesia en Corinto se había formado un concepto subestimado de las personalidades y enseñanzas de  Pablo y Apolos (y aun de Pedro) el apóstol sobriamente les aclaró: “Que todo hombre nos considere de esta manera: como siervos de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Cor. 4:1-LBLA) Hermanos míos, mantengamos a los predicadores bajo este mismo pensamiento como servidores y proclamadores de Cristo, NO como empleados, taxistas, enfermeros o “pastores modernos”.

--Vía El EXPOSITOR, Vol. IV ; No. 2 Febrero de 2004
 

 
 

 

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