¿Por qué se está negando la Naturaleza Eterna del Infierno?

Armando Ramírez

 

    Por las pasadas dos décadas se ha popularizado en el mundo religioso la doctrina humana de que el Infierno no es el lugar de eterno castigo consiente sino uno donde las almas rebeldes van para ser aniquiladas para jamás existir en la eternidad. A esta nueva doctrina se le ha denominado “La doctrina de la aniquilación”. Esta posición se define como “el acto de reducir a nada o a la no existencia” (American Dictionary of the English Language, Pág. 1828). “Traer a la nada, nulificar, matar” Webster´s New World College Dictionary, Pág. 57). Que las almas de los impíos después del juicio serán eternamente castigadas es un hecho bien establecido en las Escrituras (cf. Mat.10:28; 25:41,46; Apoc.14:10-11). Pero que los incrédulos no sufrirán un tormento eterno consiente o que sencillamente serán aniquilados; es algo totalmente desconocido en la revelación de Dios.

      Sin embargo, la negación de un Infierno Eterno como el destino final de los impíos después del Juicio no es nada nuevo. En los siglos III-IV D. C. algunos escritores como Justino Mártir y Teofilo de Antioquia habían abogado por un Infierno aniquilatorio.  Arnobio (quien murió en el año 330 D. C.) se cree ser el primero en defender la doctrina del Aniquinacionalismo en forma explicita. Por  el  mismo periodo. Tertuliano, Jerónimo y Juan Crisóstomo repudiaron  ese   concepto aniquilatorio de las almas como un substituto al tormento eterno. Más tarde, lo mismo hicieron personajes históricos de la reforma protestante de los siglos XV-XVI como Martín Lutero, Juan Calvino, John Wesley y Tomas de Aquino. Todos ellos apoyaron un castigo eterno consciente.

¿Como Surgió la Negación en la Época Reciente?

       En tiempos recientes han surgido varios escritores religiosos quienes una vez fueron considerados   como   teólogos y escritores conservadores. Ahora se pronuncian por un castigo no consiente en el Infierno. Entre ellos destacan los ingleses John W. R. Stott y David Edwards (ambos pastores de la Iglesia Anglicana  de Inglaterra) escribiendo un libro llamado “Evangelical Essentials: A liberal-Evangelical Dialogue” en 1988  donde  discutían asuntos como el evangelio, la autoridad Bíblica, los milagros, y la ética, sin embargo, cerca  del  final  de  su obra  en las   últimas   6   páginas  de su dialogo analizando la naturaleza del infierno eterno llegaron a la conclusión que los incrédulos serían aniquilados por completo en su destino final y así no experimentarían un castigo eterno en duración  como se había enseñado por años en lo que ellos comenzaron a llamar “el tradicionalismo”. Desde entonces el debate escrito y público se ha desarrollado en el mundo denominacional y  más recientemente, entre nuestros hermanos liberales quienes son conocidos por sus notables escritos y han completamente abrazado este mismo concepto. Una cantidad de libros, artículos, repasos se han producido sobre la contienda de esta doctrina.

     Entre los que han vocalizado este concepto masivamente están Phillip E. Hughes  en su libro: “The True Image: The Origin and Destiny of Man in Christ (Eerdmans, 1989).  John W. Wenham en su libro: “Universalism and the Doctrine of Hell” (Baker, 1992) enseñó el concepto que los seres humanos no son inmortales. Dios es el único inherentemente inmortal y él ha otorgado el don de la inmortalidad solamente a los creyentes. Los incrédulos, por lo tanto, careciendo de este don, “no vivirán para siempre”.

     Edward Fudge un escritor conocido de nuestros hermanos liberales escribió su libro: “The Fire That Consumes: The Biblical Case for Conditional Immortality (Paternoster Press, 1982). En su obra él clara y repetidamente defiende el concepto aniquilatorio y desafía el concepto tradicionalista (i. e., que hay un lugar de castigo eterno consciente para los incrédulos). No mucho tiempo después Kendall Harmon defendió la posición tradicionalista en su libro “The Case Against Conditionalism: A response to Edward William Fugde” (Baker 1992).  Y así lo hicieron John H. Gerstner (Repent or Perish (1980), Robert Peterson “Hell on Trail: The Case for Eternal Punishment” (Presbyterian & Reformed 1995) D. A. Carson (The Gaging of God: Christianity Confronts Pluralism (Zondervan 1996). Todavía se siguen sumado a la larga y militante lista autores denominacionales que han levantado su voz contra lo enseñado por los Condicionalistas Ingleses y algunos Norteamericanos en los tiempos recientes. (Muchos de los datos de esta sección han sido tomados de la revista Christianity Today, Octubre 23, 2000, bajo el artículo: Hell: Annihilation or Eternal Torment? Por Robert Peterson, Págs.30-37)

¿A Dónde ha llegado toda esta Controversia?

     No es sorpresa que escritores y teólogos liberales tales como los mencionados anteriormente comiencen a rechazar la enseñanza de la Biblia con respecto a la naturaleza eterna del Infierno, pero que escritores que una vez fueron conservadores y hermanos nuestros (predicadores miembros de la Iglesia de Cristo) lo estén haciendo es algo verdaderamente serio y preocupante.

     Lo siguiente son afirmaciones de escritores liberales y uno conservador en sus respectivos libros.

      Edward Fudge en su obra: The Fire That Consumes: The Case for Conditional Immortality (1982) escribió: “La muerte envolvió total destrucción... Hemos ya visto a lo largo del Antiguo Testamento que la ira de Dios contra el pecado resulta en la total destrucción del pecador. Los Salmos y los Proverbios repetidamente hablan de un tiempo cuando el impío ya no existirá más, su lugar no será encontrado, y aun su nombre será olvidado... Los impíos, una vez destruidos, nunca más serán vistos otra vez... Ellos perecerán, serán destruidos, serán consumidos, se irán para siempre” (Págs.246, 250). Y más enfáticamente, Fudge declaró; “La idea de un tormento eterno consciente fue un severo error, un horrible error, una flagrante calumnia contra el Padre Celestial, cuyo carácter vemos verdaderamente en la vida de Jesús de Nazaret” (Two Views of Hell: A Biblical and Theological Debate; Pág.20; 2000).                   

     F. LaGard Smith en su reciente libro: After Life (Cotswold Publishing; Nashville, TN. 2003) interpretó: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” El punto es destinación, no duración. De la misma manera, cuando Jesús dice, “E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat.25:41,46), él esta hablando del tipo de castigo—es decir, destrucción—el cual tiene consecuencias eternas” (Pág.175). “Porque el castigo de “eterno fuego” tiene repercusiones eternas, duraderas y sin fin. Aquello que es consumido es para siempre consumido. Aquello que es totalmente destruido, es eterno—eternamente—destruido” (Pág.175).   

    Homer Hailey (difunto predicador y maestro de Biblia por largos años en el Colegio Florida) en su obra póstuma publicada por Stanley Paher God´s Judgements and Punishments (2003) escribió: “Aquellos que sufren el castigo del fuego eterno no existen más (p.142), “son totalmente consumidos” (p.144), “la existencia vino a un fin en el lago de fuego” (p.178), “la segunda muerte traerá a los individuos a la extinción así como la muerte y el hades” (p.179). Además, él dice que “las expresiones “fuego inextinguible” y “fuego eterno” son evidentemente usadas simbólica o metafóricamente” (Pág.143).

      Lo que estos hombres han escrito no es un casual e ingenuo error. Ellos han sostenido por años sus conceptos aniquilatorios. Sus enseñanzas no sólo constituyen un desafío a la interpretación “tradicionalista”, son un ataque directo a la doctrina misma del Infierno.

Pasajes y Términos en Controversia

     (1) Mateo 10:28 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. Los Aniquinalistas  creen tener en la frase “destruir” de este verso, la clave para su concepto de destrucción total del sér. Para ellos la palabra “destruir” significa solamente “dejar de existir”. Ellos razonan que si ocurre una total destrucción de la vida física sobre la tierra, entonces, debe haber una total destrucción ¡del alma en el infierno! Clark Pinnock cree que “La Biblia usa el lenguaje de muerte y destrucción, de ruina y perdición, cuando esta habla del destino de los impíos impenitentes. La Biblia usa la imágen del fuego que consume cualquier cosa que es lanzado a él; enlazadas juntas las imágenes de fuego y destrucción estas sugieren aniquilación” (Four Views on Hell; Pág.144). Un argumento similar hace Edward Fudge en su nota anterior basándose sobre la misma premisa que las expresiones destruir o perecer implican extinción total del sér. ¿Acaso habrán bebido ambos escritores de la misma fuente? William E. Vine dice que la palabra para “destruir”, usada en el versículo 28, viene de la palabra Griega “APOLLUMI”, se encuentra 92 veces en el Nuevo Testamento y “la idea aquí no es extinción sino ruina, perdida, no del sér, sino del bienestar” (Expository Dictionary of Old & New Testament Words; Pág.294). La misma palabra se encuentra en Luc.15:4,24. El hecho que el hijo pródigo estaba perdido o “viviendo perdidamente” (v.13) no significó que el estaba “destruido para siempre” o “aniquilado”. Cuando los discípulos exclamaron a Jesús “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mat.8:25) no quisieron decir “sálvanos de ser aniquilados” Otros usos destacados de la palabra se encuentran en Mat.2:13; 9:17;    26:52, Luc.19:10; Jn.6:27; Rom.2:12; 1 Cor.15:18; 2 Ped.3:9). Pero no hay un solo ejemplo en el N. T. donde “apollumi” signifique “aniquilación” en el sentido estricto de la palabra. A. T. Robertson dice que la palabra destrucción significa “la perdida del bienestar en el caso del no salvo en el futuro” (Vol. I, Word Pictures in the New Testament; Pág.302). Joseph H. Thayer señala que “destruir” en Mateo 10:28 denota “metafóricamente entregar a la miseria eterna” (Greek-English Lexicon of the New Testament; Pág.62;2002). John Broadus dice que la palabra “destruir” de Mat.10:28 “no necesita significar aniquilación, sino solamente ruina, perdición, la destrucción de todo lo que hace la existencia algo deseable” (Commentary on Mattthew, Pág.230; 1990). Destrucción, entonces no es lo mismo que aniquilación.

       (2) Mateo 25:46 “E Irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Esta sentencia de nuestro Señor Jesús viene al fin de una larga discusión sobre el Juicio final. Lo que Jesús está declarando es el destino final del justo y el impío. La palabra Griega usada para “eterno” es (AIONION) y tenemos dos veces la misma palabra en el mismo versículo. Por lo tanto, la vida “eterna” (aionion) y el castigo eterno” (aionion) significa la misma cosa y es de la misma duración en tiempo sea la recompensa del justo o el castigo del impío. ¿Por qué podríamos pensar que la vida eterna del justo es algo totalmente diferente en tiempo del castigo eterno del malo? Dos respetados Lexicógrafos definen el término: "(1) sin comienzo ni fin, eterno... (3) sin fin, eterno...para siempre" (A New Greek-English Lexicon to the New Testament por George Ricker Berry; Pág.4). "aquello que siempre ha sido y siempre será...Rom.15:26;Heb.9:14. (2) sin comienzo...(3) sin fin, nunca cesar, eterno... 2 Cor.4:18" (Thayer´s Ibíd, Pág.20). El mismo adjetivo aionion es usado para referirse a “Dios eterno” (Rom.16:26; Compare 1 Tim.1:17; Heb.9:14; 13:8; Apoc.4:9). Así, el castigo del impío es tan eterno como nuestro Dios es eterno.

     Pero, si “castigo eterno” aquí significa “aniquilación” o “dejar de existir”, entonces ¿Cómo sería posible castigar a los que no existen? ¿Castigará Dios al impío cuyo cuerpo y alma no existen? A. T. Robertson nota “No hay la más ligera insinuación en las palabras de Jesús aquí que el castigo no sea co-igual con la vida” (Vol. I, Imagenes Verbales en el Nuevo Testamento,Pág.202;1988).

     (3) 2 Tesalonicenses 1:9 “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”. “el castigo de eterna destrucción” (LBLA), La palabra Griega para “perdición” o “destrucción” viene de (OLETHROS) que significa “ruina, destrucción, muerte... la perdida de una vida de dicha después de la muerte” (Thayer´s; Ibíd; Pág.443) La misma palabra se usa en 1 Tes.5:3; 1 Tim.6:9. La idea de los pasajes no es que los individuos sean aniquilados o exterminados, sino que caen en un estado de ruina y olvido espiritual.

     Como muy apropiadamente lo señaló Gary Workman: “Si el destino del impío es repentina aniquilación a la venida de Jesucristo (1 Tes.5:3) ¿Cómo van ellos a permanecer ante el trono de Cristo en el día del Juicio?” (2 Cor.5:10). (“Is There an Eternal Hell?” The Spiritual Sword; Abril-Jun, 1992).

     Un uso ilustrativo de esta palabra (olethros) se encuentra en 1 Corintios 5:5 tocante al fornicario. Pablo aconsejó a la Iglesia que “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”. Si el apóstol aquí quiso decir que “su carne” (cuerpo) fuese “aniquilado” o “saliese de la existencia”, él podría haber muerto y en esta condición cualquier posibilidad para el arrepentimiento y la salvación, sería imposible. Pero la idea transmitida aquí es realizar un esfuerzo por traerle a la restauración, ¡no para conducirle a la extinción!

     Edward Fudge y otros insisten que la palabra del texto “destrucción” significa “extinción” total del sér. Ellos tratan (como lo harían los Testigos de Jehová en su caprichosa interpretación de la palabra “alma” para que esta signifique solamente “aliento de vida”) de insertar  el mismo concepto aniquilatorio o de exterminio  cada vez que encuentran la palabra “destrucción” en la Escritura. Pero aún el difunto Homer Hailey en un tiempo disintió con esta interpretación errada cuando escribiendo en su artículo: “El Infierno y quiénes estarán ahí" observó: “La “destruccion” no es “aniquilación”, sino ruina, la perdida del bienestar, una separación de Cristo y Su gloria, en las tinieblas de afuera… Los que quieren hacer que  la  terminología de Pablo “destrucción eterna” signifique aniquilación, eliminan la enseñanza  Escritural sobre  el tema” (Hailey´s Comments, Pag.710; Nevada Publications, 1985).

     Robert Thomas añade que: “La palabra en la versión Septuaginta y los usos del Nuevo Testamento nunca tienen este significado (aniquilación—ARP) sino más bien giran sobre el pensamiento  de la separación de Dios y  la perdida de todo lo digno en la vida… Así como la vida interminable pertenece a los cristianos, la destrucción interminable pertenece a los que se opusieron a Cristo (Mat.25:41-46)” (The Expositor´s Bible Commentary, Vol. 11, Pág..313; Zondervan 1981).

    De estos valiosos y Escriturales argumentos es obvio que Fudge y otros están intentando en vano “reedefinir” la palabra “destrucción” con un concepto totalmente ajeno a la palabra Griega original en el texto. El peso de la prueba gramatical y toda la enseñaza del Nuevo Testamento referente a la forma que sufrirán los incrédulos está en su contra. El respetado exegeta A. T. Robertson también señaló: “destrucción” (cf.1 Tes.5:3) no significa aquí aniquilación, sino como pasa Pablo a mostrar, exclusión de la presencia del Señor y de la gloria de Su potencia” (Imágenes Verbales en el Nuevo Testamento, Tomo 4; Pág..77;1989).

Apocalipsis 10:10,14

    “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos… Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda”. En este cuadro final de castigo para los enemigos de Dios, El Señor Jesús reveló a Juan el destino eterno del diablo y sus aliados (la bestia y el falso profeta). De la bestia se había dicho, “él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre…y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen” (Apoc.14:10-11). El cuadro es que Satanás compartirá un castigo sin fin con sus aliados y con todos los que le sirvieron ya sea bajo el poder de la bestia (v.11) o bajo el poder del pecado (Cf. Apoc.21:8). Pero aun de estos pasajes que nada tienen que ver con extinciones o aniquilaciones de seres sino de un castigo que no acaba en el tiempo “por los siglos de los siglos”. Edward Fudge vuelve a atacar el lenguaje del texto al afirmar: “En el caso de la bestia y el falso profeta… el lago de fuego permanece para una aniquilación final, absoluta e irreversible… Si el lago de fuego significa aquí lo que significa en Apoc. 19:10, esto no es nada sino un símbolo para la aniquilación” (The Fire that Consumes, Pág.304-305).

     En esta misma obra Fudge había argumentado su posición contra las figuras de este pasaje en su intento por demostrar lo absurdo de infligir castigo a “meras representaciones” cuando dijo, “la bestia y el falso profeta… No son en realidad personas sino representaciones del gobierno civil persecutor y de la religión falsa corrompida; tampoco ellos pueden sufrir dolor consciente o sensible. En su caso, el lago de fuego no puede indicar esa clase de castigo eterno” (Ibíd., Pág.303).

     Pero con todo esto Fudge no prueba nada, sólo supone y fantasea en su propio razonamiento humano al intentar ridiculizar la idea de la imposibilidad de torturar a seres “impersonales”. Evidentemente, “la bestia” y “el falso profeta” no significan un solo sér, sino una colectividad de participantes de sistemas corruptos religiosa y civilmente. Si los individuos no estuvieran envueltos en el mismo castigo ¿Cómo es posible que el texto se refiera al hecho de ser atormentados “día y noche” si no estuvieran envueltas las “personas”? ¿Cómo podrían ser “lanzados vivos” a un lago de fuego que arde con fuego y azufre (Compare Apoc.19:20) si el objeto del castigo son sólo “representaciones inmateriales” como contiende Fudge? El apóstol Juan dice que “el cáliz de su ira” (Apoc.14:10ª) está preparado para ser vaciado en aquel gran día. ¿Caerá éste sobre “meras representaciones” o sobre seres personales impíos?

     Por lo tanto, para que estos individuos (cualquiera que se involucre con los poderes corruptos de la tierra) reciban su pago correspondiente, es necesario que estos estén “vivos” y “conscientes” en el día de su castigo. Una acción aniquilatoria de sus existencias no serviría de nada, excepto para escapar del castigo eterno. Ronald Rhodes correctamente observó, “Uno no puede negar que para uno que esté sufriendo un dolor insoportable, la extinción de su conciencia sería ciertamente una bendición—No un castigo (cf. Luc.23:30-31; Apoc.9:6). Cualquier buscador honesto de la verdad debe admitir que uno no puede definir 'castigo eterno' como una extinción de la conciencia. Debemos enfatizar que el tormento no puede, por definición, ser otra cosa que tormento consciente. Uno no podrá atormentar un árbol, una roca, o una casa—Por la misma naturaleza, el ser atormentado requiere conciencia”. Por lo tanto, un castigo amerita ambos, la existencia y la conciencia del individuo. Si una de estas dos entidades está ausente, entonces, un castigo propiamente definido ¡no esta ocurriendo!

     En un libro reciente,Inmortality: Only in Christ” (2002 Star Publications; Forth Worth, TX) F. LaGard Smith insistentemente contiende que “la segunda muerte” mencionada en el pasaje bajo consideración constituye: “el evento en el cual el hombre (malvado) es aniquilado” (Pág.44). Pero los usos de la palabra “muerte” en las Escrituras siempre tienen que ver con “la separación” sea del alma del cuerpo (Gén.35:18; Sant. 2:26) para indicar una muerte física; o sea la separación de Dios de los pecadores (Isa.59:2; Efe.2:1) para indicar una muerte espiritual. La segunda muerte es llamada así porque sigue a la muerte física y será un estado perdido consciente definitivo. Una condición desprovista y abandonada del Creador hacia los incrédulos la cuál es descrita por el Apóstol Pablo como “separados, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tes.1:9). De esa exclusión Jesús habló en Mateo 25:41 cuando dijo: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno".(compare Mt.7:23).  Thayer dice que esta muerte es "el estado miserable del impío muerto en el infierno" (Ibíd., Pág.283). Por lo tanto es un error leer en esta expresión la idea no Bíblica de la Aniquilación. John W. Haley y Santiago Escuain ofrecen esta nota: “Asignar el significado de aniquilación, de cesación de existencia, a los términos “muerte”, “destrucción”, “perdición” es una petición de principio… la muerte así es una disolución de vínculos, no una aniquilación del ser. Lo mismo que los términos “destrucción”, “perdición” etc., no implican aniquilación del sér, sino una existencia totalmente arruinada, lanzada a una desvinculación eterna, a una soledad eterna, a un tormento eterno… La muerte segunda es, para los perdidos, la desvinculación del hombre del entorno sobrenatural para el que había sido creado, la comunión con Dios”. (Diccionario de Dificultades Y Aparentes Contradicciones Bíblicas; Págs.253-254;1988).

     Homer Hailey admitió que no hay tal noción de extinción en el pasaje (20:10) cuando escribió: “Hay muchos que cuestionan la duración eterna de este tormento, pero esto debe explicarse separado de la enseñanza bíblica… Ambos, el castigo y la vida son eternos. En Apocalipsis se habla de dos grupos, de aquellos que están ante el trono “y le sirven día y noche” (7:15), y de los impíos que “Y no tienen reposo ni de día ni de noche” (14:11)… Hay un día en el cielo y una noche en el infierno, y debido a que un grupo le sirve día y noche mientras el otro grupo es atormentado noche y día, esto sigue, que la noche dura mientras dura el día… El periodo de este tormento, “por los siglos de los siglos” es el mismo en duración como Dios, porque El vive “por los siglos de los siglos” (4:9). Si habrá una total aniquilación del diablo y el impío, esto no es revelado” (An Introduction and Commentary On Revelation, Págs.398-399; 1992). Nota: (Las citas de Edward Fudge y F. LaGard Smith han sido tomadas de varias fuentes o repasos críticos hechos a sus libros por autores como Wayne Jackson, Carrol Sutton, entre otros).

      Habiendo repasado algunos de los argumentos de los falsos maestros y la falacia de sus interpretaciones, procedamos a responder ¿Por qué se esta negando el castigo eterno de los incrédulos en esta época moderna?

1. Porque algunos Creen que un Dios lleno de amor y un Infierno lleno de tormento no son reconciliables.

     Clark Pinnock proponente activo del concepto aniquilador emocionalmente pregunta, “¿Cómo puede uno imaginar por un momento que el Dios que entregó a Su Hijo a la muerte por los pecadores debido a Su gran amor por ellos instalaría una sala de tortura en algún lugar en la nueva creación con la finalidad de sujetar a aquellos que le rechazan para una pena eterna?” (Fire, Then Nothing, Christianity Today -- Marzo de 1987; Pág.40). Poco tiempo después, él mismo autor supuso: “Considero que el concepto del Infierno como un tormento sin fin en cuerpo y alma es una doctrina escandalosa, una enormidad teológica y moral, una doctrina mala de la tradición que necesita ser cambiada. ¿Cómo pueden los cristianos proyectar una deidad de tal crueldad y vindicidad, cuyas formas incluyen infligir tortura eterna sobre sus criaturas?... Seguramente, un Dios que hiciera semejante cosa sería más parecido a Satanás que a Dios, al menos por las normas morales ordinarias, y por el evangelio mismo… Seguramente el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo no es un malvado; torturar a las personas sin un fin no es lo que nuestro Dios hace” (The Destruction of the finally Impenitent, Págs.246-47, 253; 1990).

     Desde un punto de vista humano, mucho del razonamiento de Pinnock suena “justo” o razonable. Pero desde el punto de vista de la revelación (Isa.55:8-9; 2 Cor.2:16), es un tormento o castigo eterno (Mat.25:46) lo que espera a los que rechazan a Dios (2 Tes.1:8-9). Primero, nadie que no merezca estar en el tormento eterno del infierno estará ahí (Apoc.21:8). Segundo, Dios no quiere que nadie perezca (2 Ped.3:9; 1 Tim.2:4; Mat.18:14; cf. Ezeq.18:23) sin embargo, esto no cambia el hecho de que algunos pasarán la dicha eterna con El en el Cielo (Apoc.21:3) mientras otros como resultado de sus malas obras pasarán toda una eternidad en el tormento (Apoc.14:11; 20:10). Y Tercero, no, Dios no lanza a nadie al infierno, el hombre será lanzado ahí ¡por sus propios pecados! En las palabras de un buen escritor (C. S. Lewis) “Las puertas del infierno son cerradas desde adentro”.

     Pero si siguiéramos la opinión que Pinnock tiene de “un tormento eterno” ¿Qué diríamos de Dios enviando un diluvio para destruir toda carne impía excepto a Noé y a su familia piadosa? ¿Fue Dios “cruel” porque en 40 días destruyó casi toda la raza humana (Gén.7:17-23? ¿Fué Dios “cruel” porque en pocos minutos destruyó a Sodoma y Gomorra con azufre y fuego (Gen.19:2425)? No es la falta de amor lo que origina la existencia de un castigo preparado, sino la falta de un temor reverente de las criaturas a Su Creador.

    El mismo Dios que amó tanto al mundo proveyendo el don inmensurable de Su Hijo para redimirnos del pecado; es el mismo Dios que proveyó 40 años de predicación anticipada y amorosa de parte de Noé para salvarles del gran diluvio. “Mira, pues, la bondad y severidad de Dios” (Rom.11:22) debe ser la historia completamente dicha.  Pennock sólo quiere ver o hablar un sólo lado. Lo mismo hacen los Testigos de Jehová para quienes la doctrina Bíblica del infierno tampoco es reconciliable con la bondad de Dios. Ellos contienden: “La doctrina de un infierno ardiente donde los malvados son torturados eternamente después de la muerte no puede ser verdadera, principalmente por cuatro razones: (1) Es totalmente anti- Escritural, (2) Es irrazonable, (3) Es contraria al amor de Dios, y (4) es repugnante a la justicia” (Sea Dios Veraz, Pág.99). Un escritor Adventista, Roy B. Thurmon protesta más agúdamente contra la supuesta falta de equidad entre un Dios lleno de amor y compasión con un tormento eterno: "...Esta es una doctrina del diablo mismo inventada para lanzar discrepancia sobre el carácter de Dios... Solamente la mente distorsionada de Satanás mismo podría concebir semejante atrocidad...ninguna persona inteligente podría creer que Uno Quién es la personificación del amor pudiera causar a Sus hijos ser atormentados eternamente en las llamas del infierno... ¡Eso no es justicia! Eso es crueldad satánica" (Truth for Today Bible Lectures, Págs.1,4-5).

      Otro ejemplo de este cada vez más prevaleciente concepto esta en el diccionario Eerdmans Dictionary of the Bible cuando define la palabra infierno: “Jesús no proclamó la doctrina de un infierno ni describió la condenación, y habló solamente marginalmente del infierno… Muchas metáforas contrastantes para el infierno indican la ira y castigo de Dios. La noción de la eternidad indica un castigo final, pero no necesariamente uno que se extiende para todos los tiempos. Las ideas de completa destrucción y castigo infinito van contra el amor, la misericordia y la reconciliación universal que existe a lo largo de la Escritura y la historia de la Iglesia.” (Pág.573; David Noel Freedman Editor General, 2000). F. LaGard Smith uno de los que más presiona la idea de la aniquilación y la inmortalidad condicional entre la hermandad también escribió en esa misma dirección emocional: “Dios no es un Dios cruel y perverso quien tortura al impío azotándole en las llamas del fuego” (After Life, . Pág.183; 2003).

       Peter Kreeft y Ronald Tacelli tienen una excelente respuesta a la aparente discordancia que los hombres asumen entre el amor de Dios y la realidad de un infierno como tormento eterno: “Muchos han creído, algunos todavía creen, que debido a que hay un infierno, Dios debe ser un Dios de ira, venganza y odio. Pero esta conclusión no sigue de la premisa del infierno…Es su ira contra el pecado, no contra los pecadores. Dios práctica lo que él nos predica: amar a los pecadores, odiar los pecados. Para que los cirujanos amen a sus pacientes, ellos deben odiar los cánceres de sus pacientes. Los condenados al infierno son aquellos que rechazan desasociarse de sus pecados al arrepentirse. Cada pecado debe reunir su necesario destino: exclusión del cielo. Solamente si nos atamos a nuestros pecados, nos atamos nosotros mismos a ese destino… Si el infierno es elegido libremente, el problema entonces se vuelve no uno de reconciliar el infierno con el amor de Dios, sino de reconciliar el infierno con la cordura humana ¿Quién querría libremente preferir el infierno en lugar del cielo a menos que fueran insensatos?” (Handbook of Christian Apologetics; Capitulo 12; El Infierno; Págs. 289-290).

     Así la conclusión a este punto puede resumirse en lo que se ha dicho a menudo: “Ningún hombre puede quejarse de la realidad del tormento eterno al pie de la cruz”. El Dios soberano estableció un infierno para el diablo y sus ángeles (Mat.21:45) pero una muerte expiatoria a través de Su Hijo a fin de redimir del pecado a las criaturas hechas a su imagen (Rom.5:8-11). La separación eterna de Dios que sufrirán los pecadores es totalmente un asunto de la determinación humana (Deut.30:19; Ezeq.18:31-32), no un fallo deliberado del Creador.

     ¿Por qué se está negando la Naturaleza Eterna del Infierno?

2. Porque algunos consideran demasiado castigo “un tormento eterno” por los pecados cometidos en un tiempo transitorio.

     Para los ingleses David Edwards y John Stott el concepto tradicional de un castigo eterno para los pecadores representa un trato injusto con los hombres. Ellos razonan así: “La Biblia enseña que Dios juzgará a las personas “según sus obras” (Apoc.20:12), lo cual implica que la penalidad impuesta será en proporción al mal cometido. Pero debido a que un tormento eterno es seriamente desproporcionado a los pecados cometidos en el tiempo; este entra en conflicto con la revelación bíblica de la justicia divina” (Evangelical Essentials: A Liberal-Evangelical Dialogue; Inter-Varsity Press,  Págs.318-319; 1988).

    Clark Pinnock presiona más este argumento al escribir, “Que los lectores se pregunten así mismos qué estilo de vida, qué juego de acciones, merecería la última  de las penalidades— ¿Un eterno castigo consciente?... Es esta una sentencia demasiado pesada y no puede ser exitósamente defendida como una acción justa de parte de Dios. Enviar al malvado a un tormento eterno sería tratar a las personas peor de lo que merecen” (Four Views on Hell, Págs.151-152).

      ¿Quién está en mejor posición para determinar cuán larga será la sentencia para un criminal, el ciudadano común de la calle o el juez? ¿Quién está en mejor posición de establecer el castigo para el pecador, los seres humanos pecadores o el Todopoderoso y Santo Creador del Universo? De Su majestad soberana se dice: “Justicia y juicio son el cimiento de tu trono” (Sal.89:14). Y cuando Abraham intercedía por las vidas de los piadosos en las ciudades a punto de ser destruidas reconoció: “Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿No ha de hacer lo que es justo?” (Gen.18:25).

     Los escritores mencionados olvidan en su argumentación que fue precisamente el carácter odioso del pecado (Isa.59:1 Jn.3:4; Rom.7:13) lo que dejó a nuestro Señor Jesucristo sobre la cruz sin el amparo de la ayuda divina (Mat.27:46). Si el pecado fuese poca cosa para nuestro Dios, ¿Permitiría el que Su Unigénito Hijo experimentara tan horrible sufrimiento por los pecadores a fin de salvarles? (Cf. Isa.53:3-12). Rechazar la realidad del infierno como un tormento eterno sobre la premisa emocional que este es “demasiado castigo” para los incrédulos es rechazar los terribles horrores del pecado, tanto por lo que es como por lo que hace. “Aquellos que objetan la excesiva severidad del infierno no ven lo que el pecado realmente es. Ellos probablemente miran el pecado externamente, sociológicamente, legalistamente, como “un mal comportamiento”. Fallan en ver el verdadero horror del pecado y la verdadera grandeza, bondad y gozo de el Dios quien es rechazado en cada pecado” (Peter Kreeft & Ronald Tacelli, Ibíd., Pág. 300). Nota: (Las citas de Pinnock, Sttot y Edwards, a lo largo de este estudio fueron tomadas de la obra: “The Destruction of Hell: Annihilationism Examined”; por Jeff Spencer, Christian Apologetics Journal, Vol.1, Num.1 Primavera de 1998).

     ¿Por qué se está negando la Naturaleza Eterna del Infierno?

3. Porque la enseñanza de algunos esta diseñada para complacer la así llamada “nueva cultura de la tolerancia”.

     Según la revista TIME más de la mitad de la sociedad Americana hoy no cree en el infierno. Albert Einstein expresó no creer en el Dios de la Biblia porque “No puedo imaginar a un Dios que recompensa y castiga los objetos de su creación” (Free Inquiry, Pág.31). Bertrand Russell en su popular libro “Why I Am Not a Christian” dijo: “Hubo un muy serio defecto en el carácter moral de Cristo porque el creyó en el Infierno… cualquier persona que es real y profundamente humana no podría creer en el castigo eterno. El Infierno es una doctrina de crueldad” (Págs.17-18; 1957). Aun con todo esto dicho, otra vez, nadie será capaz de alterar la realidad de un tormento eterno. Desde el Jardín de Edén, pasando por el largo periodo de Israel como pueblo elegido y atravesando todas las edades hasta nuestros días; el hombre siempre ha protestado contra los designios de Dios. El ha dicho: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne” (Gén.6:3). “¿Quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Rom.9:20). Toda la humanidad y aun los hombres “religiosos” podrán no estar de acuerdo con las sentencias divinas contra la desobediencia. Pero los disgustos y objeciones hábilmente plantadas no evitarán que Dios revoque su ya anticipado juicio contra las almas rebeldes (Apoc. 21:8; 22:11-12,15). Jack Moreland dio al blanco a esta inclinación del pensamiento cuando escribió: “Dios es un r lleno de compasión, pero él también es un ser justo, moral y puro. De manera que las decisiones de Dios no están basadas sobre el sentimentalismo Americano… Las personas hoy tienden a tomar cuidado de las virtudes más suaves como el amor y la ternura, mientras olvidan las virtudes duras de la santidad, la rectitud y la justicia”.

     Por supuesto que es más cómodo oír “doctrinas conforme a nuestros propios deseos” (2 Tim.4:3-4, cf. Jer.6:14) que tener que admitir que una vida llena de impureza e incredulidad recibirá un tormento agonizante sin tregua de liberación o descanso (Apoc.14:11). De este modo la anticipada nota de David Wells en su prefacio de un libro militante contra la doctrina aniquinacionalista es completamente acertada: “Estas verdades se han vuelto delicadas y desconcertantes para las personas, no porque una nueva luz de la Biblia ha sido lanzada, sino por una nueva oscuridad de la cultura” (Hell on Trail: The Case for Eternal Punishment, 1995).

Conclusión

    Desde el mismo comienzo del tiempo, Satanás, ha estado luchando por negar las grandes doctrinas de salvación y condenación de Dios. El negó descaradamente a la primera pareja la muerte espiritual como una consecuencia inmediata del pecado (Gén. 3:4-5). El fue descrito por Jesús como “el padre de mentira” (Jn. 8:44). Negar las doctrinas de Dios fue una práctica de los apóstatas del primer siglo. Los judaizantes negaron la eficacia de la salvación en Cristo al promover sus ritos judíos (Gal.5:3-4); los gnósticos negaron la aparición y resurrección corporal de Cristo (1 Jn.4:2-3); Himeneo y Fileto erraron en la resurrección de los santos (2 Tim.2:17-18).

     Los falsos maestros de nuestro tiempo han hecho su negocio negar la naturaleza del tormento eterno. Pero el simple hecho que ellos han estado negando esta doctrina no significa que la veracidad del tormento eterno ha perdido su valor. La realidad del infierno eterno es tan grande e inamovible en el esquema de Dios que es imposible destruir sus fundamentos o escapar de él. C. S. Lewis en su estilo franco admitió: “No hay doctrina alguna que con mayor gusto eliminaría yo del Cristianismo, si ello dependiera de mí. Pero cuenta con el pleno respaldo de la Escritura, y especialmente, de las propias palabras de nuestro Señor… En todas las discusiones acerca del infierno debiéramos tener firmemente ante nuestros ojos la posible condenación, no de nuestros enemigos ni de nuestros amigos; sino de nosotros mismos. Este capítulo no trata acerca de su esposa o de su hijo, ni acerca de Nerón o de Judas Iscariote, sino de usted y de ” (El Problema del Dolor; Págs. 117; 126) Algunos pensaran que es de poca importancia hacer una negación de esta doctrina. Pero como lo afirmó Wayne Jackson: “El dogma de la aniquilación no es un concepto inocente sin consecuencia alguna. Este es un concepto que destruye toda la fuerza de esa aterradora advertencia, de la cual el Dios todo Poderoso quiere que los hombres estén conscientes. Hay muchos que felizmente se complacerían así mismos en toda una vida de pecado a cambio de una inexistencia eterna” (The Second DeathSeparation Or Annihilation? Penpoints (Octubre 27 2003; www.ChristianCourier.com).

     Este mismo autor señaló “Satanás es un “engañador” consumado (Apoc.12:9; 20:10) No hay nada que le agrade más que ver a los hombres engañados repudiando la idea de un tormento eterno—el cual el Señor explícitamente afirmó (Mat.25:46). Qué trágico es que algunos, quienes profesan una relación con el Hijo de Dios, se unan con el enemigo en esta negación comprometedora de la verdad” (Hell Is a Hot Topic These Days; Penpoints, Marzo 6 de 2000;www.ChristianCourier.com)

    ¿Qué doctrina sigue en la negación de los falsos maestros? ¿Negarán la Eternidad del Cielo? ¿Negarán el Cielo del todo?, ¿Negarán la existencia del mal? ¿El día del Juicio Final? Si las cosas siguen como hasta ahora, pronto lo sabremos. “El Seol y el Abadón están delante de Jehová;  ¡cuanto más los corazones de los hombres!” (Prov.15:11).

--Vía EL EXPOSITOR, Vol. V. Núms. 6 y 7; Junio y Julio, 2005

Material Bibliográfico Referenciado:

Libros y Comentarios:

Imágenes Verbales en el Nuevo Testamento por A. T. Robertson Tomos 4 y 6; Editorial Clie; Barcelona, España 1989-1990

The Expositor´s Bible Commentary Vol. 11; Frank Gaebelein Editor General; Zondervan, Grand Rapids, MI. 1981

Comentario Bíblico Moody—Nuevo Testamento; Redactado por Everett F. Harrison; Editorial Portavoz; Grand Rapids, MI. 1965

Hailey´s Comments por Homer Hailey; Tomo 2; Páginas 706-714; Nevada Publications; Las Vegas, NE. 1985

An Introduction and Commentary on Revelation por Homey Hailey; Religious Supply; Louisville, KY. 1992

Handbook of Christian Apologetics por Peter Kreeft & Ronald Tacelli, Capítulo 12: Hell: páginas 282-310; InterVarsity Press; Downers Grove, IL. 1994

Word Pictures in the New Testament Edición Concisa; A. T. Robertson, Editado por James A. Swanson; Colman Bible Publishers; Nashville, TN. 2000

Diccionario de Dificultades Y Aparentes Contradicciones Bíblicas por John W. Haley/Santiago Escuain; El Castigo Futuro—Su Naturaleza; Págs. 246-260; Editorial Clie; Barcelona, España; 1988

El Problema del Dolor por C. S. Lewis—Capitulo 8; El Infierno: Págs. 117-126; Editorial Caribe 1977.

Revistas y Boletines:

Hell: The Eternal Torment of the Wicked; Edición Especial por Guardian of Truth, Vol. XXXV, No. 19;  Bowling Green, KY. Mike Willis Editor; 32 Páginas. Octubre 3 de 1991;

Hell: Annihilation or Eternal Torment? por Robert Peterson Christianity Today, Vol.44; No.12; Págs.30-37;Boone, IA. Octubre 23, 2000

The Eternality of Hell por Eric Lynos & Kyle Butt; Reason & Revelation; Vol.25; No.2; Apologetics Press; Montgomery, AL. Febrero de 2005

 Eternal Punishment; The Spiritual Sword; Vol. 36; No.2;  Memphis, TN. Alan Highers Editor;48 Páginas; Enero, 2005;

Diccionarios y Léxicos:

Vine´s Expository of Old & New Testaments Words por William E. Vine; Thomas Nelson Publishers; Nashville, TN. 1997

Eerdmans Dictionary of the Bible; David Noel Freedman Editor General; Eerdmans Publishing Co. Grand Rapids, MI. 2000

Thayer´s Greek-English Lexicon of the New Testament por Joseph H. Thayer; Hendrickson Publishers; Peabody, MA. 2002

Webster´s New World College Dictionary Michael Agnes editor principal; IDG Books Worldwide, Inc. 2000

Escritos especiales:

The Destruction of Hell: Annihilationism Examined por Jeff Spencer (Christian Apologetics Journal Vol. 1, No. 1 Primavera de 1998; 20 páginas)

Hell: Is There a Place of Eternal Torment For The Wicked? The Instructor, Vol.40-42; Ago/2003 hasta Oct/2005; Albertville, AL. Carrol Ray Sutton Editor

Paginas de Internet:

www.ChristianCourier.com

www.ApologeticsPress.org

www.SES.edu

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